Viaje a Egipto

Juanjo nos cuenta su viaje a Egipto - Parte 2 -


Y hablando del zoco de Jan al-Jalili... hay información y recomendaciones en Internet de la famosa tienda de Jordi (un egipcio que habla español con acento catalán). Como todo tiene su parte positiva y negativa, vosotros escogeréis. Realmente no estuvimos en la tienda principal sino en una pequeña sucursal también de Jan al-Jalili. Una de las cuestiones es que el precio es fijo y barato, de manera que si estáis hartos de regatear es una opción. Pero igual que no puedes regatear, en algunos artículos tampoco puedes escoger. Por ejemplo, los perfumeros de cristal los vende en un blister de 5 y no los puedes escoger individualmente. Es como comprar en Carrefour en el medio del Cairo. 

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A nosotros nos gustó y nos relajó más comprar en la tienda de Mustafá Wally (la tienda se llama Mohamed Abd El Sayed Khattab - Perfumes, 83 Gohar El Kaied - Calle Mousky), también de Jan al-Jalili. El hombre, a parte de hablar estupendamente en español, es muy simpático, y si estás cansado de regatear, vas allí, te sientas en una preciosa tienda, te relajas bebiendo y al fresquito de un ventilador y entre bromas, y con calma, regateas, haciendo normalmente una buena compra ("aquí se regatea el precio, no la calidad"). Su especialidad son los perfumes (heredado de su abuelo, del que tiene una buena colección de fotos y recortes de prensa), los perfumeros de cristal, figuras negras de basalto y papiros, pero te puede conseguir otras cosas de otras tiendas próximas sin salir de la de él (en estos casos no te puede hacer un precio tan bueno). Realmente nos pasamos unos buenos fines de jornada agotadora relajados en su tienda. Es más cómodo reservar todas las compras para los últimos días en el Cairo, ya que en Jan al-Jalili podéis encontrar todo lo que hay de artesanía por el resto de Egipto, pero por el circuito también se pueden comprar los artículos más baratos, especialmente los que ofrecen los niños.
Y otra cosa: El Cairo por la noche es alucinante, es otra ciudad, con un ambiente fuera de serie y con una iluminación que asombra. Hubo gente que hizo la excursión opcional a Alejandría. Aunque les gustó, no fue nada del otro mundo. Decían que era una ciudad mediterránea bonita, nada que ver con el bullicio del Cairo. Pero el viaje es largo y se vuelve en el mismo día. Y además, de la antigua Alejandría quedan muy pocas cosas y poco relevantes. Es preferible quedarse un día más en El Cairo, sobre todo si se van pocos días. Por la cuestión de seguridad no hay nada que temer siendo minimamente precavidos (como siempre): policía y ejército en cada esquina demuestran que no quieren dejar de mano su primera fuente de ingresos: el turismo, cosa que le interesa no sólo al gobierno sino también a la inmensa mayoría de la población que vive de él. Por la indumentaria no os preocupéis en exceso. Nadie se va a extrañar ni mucho menos os van a recriminar por vuestra indumentaria. En El Cairo es otra historia: a pesar del flujo de turistas siempre notaréis que seréis observados con extrañeza y curiosidad. Incluso una egipcia quedó asombrada porque mi mujer estaba fumando y con una sonrisa y mímica le explicó que aquelllo “era cosa de hombres”. 
Posiblemente no os llamen la atención por la indumentaria, pero, si yendo de lo más normal llamáis la atención, las mujeres la llamarán el doble cuanta más piel vaya al 
descubierto. Y por supuesto, en las mezquitas hay que llevar hombros, escotes y piernas tapados. Tendréis que dejar los zapatos a la entrada. Por mucho que insistáis no os dejarán entrar con ellos en las manos a pesar de que a los autóctonos sí que pueden. ¿Motivo? El de siempre: si dejas los zapatos al recogerlos tienes que dar propina. 
Pero será lo único que pagues por entrar a las mezquitas, de manera que compensa. Y con esto llegamos a otro aspecto negativo del viaje (el más positivo todos ya intuís cual 
es: un conjunto monumental en calidad y cantidad tal vez único en el mundo): se sabe que los "moros" son pesados con el regateo y otras insistencias; pues aquí son el doble. 
Siempre que puedan cobrarte el doble nunca te van a cobrar la mitad, si picas es tu problema. Nunca tienen cambio (esperan quedarse con la vuelta), pero lo peor, peor, es el acoso sistemático al turista pidiéndole propina, queriéndolo llevar a una tienda para venderle algo, ofreciéndose a sacar una foto para después pedir propina, etc. La propina es obligada en todas partes y a todas las personas, por lo que muchas veces intentas no 
entablar conversación con ningún egipcio porque sabes que siempre te acabará pidiendo propina por un "servicio". Lo cual es una pena porque en el otro brazo de la balanza está su amabilidad y simpatía (no siempre ligado a intereses económicos, aunque a veces sí). En ciertas zonas como las pirámides de Giza, absolutamente todo egipcio que se te acerque será para buscar un lucro económico (sí, incluso aquel policía que se ofrece a sacarte una foto).Pero ¡que se le va a hacer!, la pobreza (también hay suciedad, estamos en un país subdesarrollado) o un nivel de vida bajo y un mundo basado en que el turista es un billete de dólar con patas fomentan esta situación.Y, por cierto, olvidaros de los dólares. Con euros y tarjetas de crédito es más que suficiente para todo. El dólar no se necesita para nada (salvo que queráis comprar divisas aprovechando que está bajo y esperar a que suba, pero eso es otra historia).
La cuestión de los mosquitos es igual que en otros lugares: por el Nilo procurar usar un buen repelente al anochecer que es cuando pican. De las llamadas telefónicas lo mejor es llevar móvil y sobre todo enviar mensajes. Las tarjetas telefónicas son caras y duran poco tiempo. Las llamadas desde centralita o desde el hotel son aún más caras.
Y nada más.
En resumen, a pesar de los agobios y las prisas, del calor, de los desarreglos intestinales, de la fiebre, de las eternas propinas, del acoso de los egipcios, etc., dudo que haya pocas personas con dos dedos de frente que no quisiese volver a Egipto para “ver aquello que no pudimos” o para volver a algunos puntos visitados.

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