Viaje a Venezuela

14 - Río Caura - Fin del Viaje

Después de preguntar y ver quien es el capitán, me acerco y le cuento haber si es posible que nos lleven. Pero no, me dice que aunque un grupo se queda, hay una niña que tiene una pierna rota y que toda su familia la va a acompañar al hospital. Que no hay sitio libre.
-Bah, no me importa, podemos ir en la parte de atrás sentados en el suelo.
-No es posible.
-Si hay que pagar algo, se paga.
-No es por dinero, no puede viajar nadie si no va sentado con el cinturón.
-OK, será en otra ocasión.

Que pena, ya me imagine un regreso autentico.
Así que nos despedimos del helicóptero y a comer.
Montamos los bártulos en la Curiara y zarpamos. Hoy dormiremos en el mismo campamento que la otra vez.

El viaje es tranquilo, por el camino paramos en un poblado de indignas Sanemas, esta etnia tiene similitudes con los Yanomami, también ellos se pintan la cara y también se comen a sus muertos.
Cuando un Sanema muere, se quema el cadáver y se machaca hasta quedar las cenizas, luego se mezcla con plátano frito y lo comen todos en la comunidad.
Casualidad hay un grupo de una ONG trabajando haciendo una escuela, y varios jóvenes están haciendo las mesas y pupitres. Hay muchísimos niños, todos con chupachups de colores fluorescentes, y de los que te dejan la lengua de color. Los niños están felices con sus chupachups. Después de un rato en el poblado hablando con al gente de la ONG – llevan 2 semanas y se quedaran otras 4 mas – seguimos camino y en 3 horas estamos en el campamento Cocuiza, esta anocheciendo cuando colgamos las hamacas.
Cenamos y los ingleses sacan otra botella de whisky, es increíble lo bien que me caen estos ingleses.
Bass me llama para compartir conmigo un chetron pero con un gesto le digo que no.

Me siento un rato en una roca a la orilla del río, ahora no hay plaga y disfruto de estar en un lugar tan bello como el que estoy. Aunque no se vea apenas. Solo los ruidos me llevan a otro mundo.

Amanece lloviendo, demasiada suerte hemos tenido. Busco en la mochila y saco dos impermeables de esos de todo a 100, de usar y tirar. Para seguro que valen para un día como el de hoy.
Desayunamos y después de recoger todo nos metemos en la curiara.
Parecemos caramelos. 
Las siguientes 6 horas de regreso no para de llover. Las gafas y la gorra me hacen de parapeto. El viaje se hace largo.
Llegamos a la 1 del mediodía a Maripa, hay un autobús esperándonos, entramos dentro a cambiarnos de ropa y nos vamos a un restaurante a comer.
Comemos un pescado Morocoto como la vez anterior, y 3 cervezas bien frías.
Un cafecito y a seguir camino, esta vez por carretera. 3 horitas de nada.
Que bien se viaja en un asiento blandito, y resguardado de la lluvia y el viento. 
Llegamos a Ciudad Bolívar a las 5 de la tarde.
Nos despedimos de la gente y nos vamos para la posada, una ducha y a descansar en habitación con aire acondicionado. Esto si que es vida.

Nos lo hemos pensado y no nos vamos a ir al delta del Orinoco, todavía tengo los pies hinchados y estoy cansado de tanto río. Dejaremos el delta para unos meses mas tarde.
Así que decidido, mañana nos vamos en bus para Puerto la Cruz, y de allí en un ferry a Isla Margarita, y a descansar. Que esto de viajar cansa mucho.

 

 

 

 

 

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