Un
Piaroa sube a cubierta y hablamos, habla bien el castellano, es el
chaman de la comunidad, estudio el idioma español
con los curas.
Hablamos
del mañoco, me cuenta que lo hacen con yuca amarga, es un tubérculo,
como la yuca normal. Primero se raspa y posteriormente se introduce
en una herramienta fabricada por ellos llamada Seducan, construido
con fibras de palma, es como un colador largo que se estira y se encoge,
es muy practico. Según se va prensando sale por la parte de
abajo un liquido con el que se hace la Catara –salsa picante
que lleva entre otros ingredientes hormigas gigantes llamadas Bachacos,
ajo, ají-, una vez que ha caído el liquido se lleva
la masa a una estructura llamada budare –una chapa metálica
donde se tuesta-. Es similar al casabe, pero en vez de hacer una torta
esta en granos, no tiene mucho sabor, ya lo dice el dicho, “el
casabe, mojalo a lo que sabe”.
Después
de una conversación tan instructiva el chaman se va,
no compra nada, parece que solo ha venido a conversar conmigo y ha
decirme como se hace el mañoco.
Por la noche se oye un barco que esta descendiendo el río,
desde la hamaca veo tres luces, van de un lado a otro, moviendose
constantemente, el barco parece grande, y se oye de repente….
Crack, acaban de comerse una roca muy cerca de nosotros. Y allá
paran para reparar los daños. Por la mañana veo el barco,
es grande, pues en cubierta hay cargada una camioneta. Gonzalo dice
que en esta zona hay mucha piedra y que de noche no se debe de navegar,
pues no se ve nada, los del barco tienen experiencia, pero no es propiedad
de ellos, y eso se nota. Ha entrado agua en una de las bodegas según
nos cuentan, se han acercado a comprar refrescos. Quieren que Gonzalo
les venda gasolina, pero es imposible, el barco lleva lo justo para
el viaje de ida y vuelta y no hay gasolina para comprar en el camino.
Este es un bien muy preciado y creo que ellos han vendido parte de
la suya esperando que le llegaría, pero parece ser que no.
Antes
de zarpar me doy un baño en esta playa perfecta para la ocasión,
la hierba ya se acabo pero no importa, fue una regalo del viaje y además
veo verde por todas partes. Benito todavía duerme y Samuel me
dice que es posible conseguir mas en algún poblado, pero yo paso.
No quiero que ande buscando nada, estas cosas salen así, de repente,
y eso fue lo mejor de todo.
El motor del barco sigue cantando su mantra, vamos despacio, hay varias
rocas sumergidas y no es cuestión de romper también nosotros.
Hace mucho calor y en cuanto veo un buen lugar me pago un bañito,
hay cerca unos niños pescando en un boncito, y en cuanto
me ven se van como alma que lleva el diablo, me tienen miedo.
Otros niños que veo bañarse en la ruta se sumergen en
cuanto les miro, yo hago como que no les miro y en cuanto giro la cabeza
se vuelven a sumergir. Así les suelo tener un buen rato. Nos
reímos mucho. Son muy vergonzosos algunos. Sobre todos los mas
pequeños, como lloran cuando me ven. Si es que no tengo mano
con los niños.
Después
de Morocoto llegamos a un poblado llamado Moriche,
un lugar de los más bellos del camino, esta en la falda de una
montaña llamada del mismo nombre. Es una comunidad en
la que conviven Piaroas y macos, como en muchos otros poblados.
Allí no hay donde atracar, así que paramos en barco en
un hueco de la selva que conduce a unas cascadas. Lo primero que hago
ir con Benito que ya es Persona humana por fin –después
de 24 horas seguidas durmiendo-, vamos abriéndonos camino a machetazos,
la ruta se intuye pero acá crece muy rápido la maleza.
Vamos con una escopeta también por si acaso un puma o un jaguar
se cruzan en el camino. En 10 minutos estamos en la cascada, es bella
y rápidamente me meto en el agua, hay bichos por todos lados,
se me meten en los ojos, los oídos, la nariz. Es increíble,
no pican pero son muy molestos, en el agua puedo descansar de ellos.
El agua esta muy fría, viene de dentro de la montaña,
pero esta muy
buena.
Aprovechamos para llenar unas garrafas que ha subido la china, con esta
agua vamos a preparar la sopa y el te. Así paso un buen rato,
hasta que me salgo del agua y empieza el suplicio, me visto y me pongo
una toalla para que me tape la cabeza, solo se me ven las gafas, parezco
un ……., no se lo que parezco.
No me puedo imaginar como hay gente que he recorrido la jungla durante
meses a base de machete. Hay que tenerlos bien puestos para ir quien
sabe donde a encontrar quien sabe que. Muchos en busca del dorado, otros
de restos arqueológicos, otros de oro, diamantes. Uff, yo no
se si podría hacerlo, creo que no.
Por la noche vemos otra película de las de cartelera, “
el Medico “ de cantinflas.
Ya
no me como la cabeza en la noche, será por la costumbre. Hace
un frío que jode a última hora de la noche. Y nada mas
amanecer nos tomamos un vaso caliente de leche con cacao y entro en
calor.
Paramos en una comunidad llamada Macanilla, es un poblado
muy bien situado en un canal del río y con unas vistas espectaculares..
Hay montones de bandadas de guacamayos, y unas palmeras llamadas Mucuritas,
bien bonitas. Me presentan a Hilario, un chaman que pinta cuadros, le
faltan 3 dedos de una mano, Gonzalo le lleva un pedido de lienzos y
pinturas. Entro a su choza y me enseña su obra, son cuadros con
motivos de amazonas, de Yanomamis. Como me ha gustado su obra y quiere
venderme todo lo que tiene pintado, al final tiro la casa por la ventana
y le compro 7 cuadros, me los guardan enrollados en un bambú.
Un
par de horas después partimos de Macanilla con
un nuevo fichaje, una cocinera que vendrá con nosotros hasta
San Juan de Manapiare, no sin antes sacar la caña
para pescar algo, darnos un bañito en este bello lugar y comprar
una gallina que pronto ira al puchero. No pescamos nada, pero hoy comeremos
una sopita rica de gallina con papas, plátano y yuca.
Pronto llegamos al Poblado de Maco, otra de las comunidades
más grandes de la ruta, por decir algo. Todas las tardes juegan
un partido de fútbol. Se las ve
bien
preparados, algunos juegan con medias altas y botas de tacos de goma.
Hay si que he flipao otra vez. Claro que algunos juegan descalzos. A
Samuel le gusta mucho el fútbol y siempre se apunta a los partidos.
Como el juega descalzo, no puede entrar fuerte al balón, yo le
dejo mis botas de monte y aunque le quedan un poco grandes, mejor eso
que nada. Yo no juego pues tengo los picores de los pies se me han subido
hasta las partes más pudientes. Resulta que tengo unos pequeñitos
ácaros rojos, que me están quitando la
vida. Suelen estar en las gallinas y como en Puerto
limón estuve andando con sandalias por donde
comían las gallinas seguro que allá se me subieron.
Continua......
La
Plaga
1
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