Descubriendo el Rio Orinoco Segund Parte

4 - Atabapo

Por la mañana nada mas salir el sol, recogemos las hamacas y dejamos la cubierta despejada, me resguardo y me meto un petardo de esos de aupa el Erandio, bien cargadito, ahora hace muy buena temperatura, la brisa es fresquita hasta las 10 de la mañana, y durante esas horas me dedico como siempre a no hacer nada mas que mirar y admirar la vista que tengo a mi alrededor. Es monótona pero a la vez muy relajante, el sonido del motor parece que canta un mantra tibetano, siempre es el mismo sonido y creo que voy a acabar entrando en trance.
De repente un ruido suave, y el barco se detiene, acabamos de encallar en una playa oculta en el río. Ja , ja , ja, solo se oyen risas, yo flipo, Gonzalo sale del almacén y se sigue riendo y vacilando a Benito – que es el que manejaba el barco-, Samuel y la china igual. Yo flipo, saltan del barco y solo cubre por las rodillas, no se oye un reproche ni una palabra más alta que otra. El barco de marcha atrás, pero nada, después de varios intentos Gonzalo y los demás se meten debajo del barco a sacar la arena para hacer un canal y poder salir. Con los pies intentamos sacar la arena poco a poco y volvemos a intentar salir marcha atrás paro nada. Otra vez para abajo a sacar mas arena, es inútil. Gonzalo dice que en 3 horas si hay suerte sacaremos el barco de la playa. Ahora traen un par de gafas de buceo y Benito y Samuel se sumergen con unas palas sin mango para hacer un canal mas rápido, hay que tener cuidado donde se pisa pues hay rayas y son venenosas. Yo ya estoy pisando con miedo, no se si me están vacilando o que.
Nada, después de varios intento no hay manera de salir, ya llevamos 3 horas. Pasan lanchas rápidas pero nadie se para a ayudarnos. Recuerdo las palabras de José cuando me dijo que estuvo encallado 3 meses hasta que vino la época de lluvias. Vuelta a lo mismo, pero es inútil, hay que cavar mas profundo, así que como ya es la hora de comer, subimos al barco a coger fuerzas.
Mientras comemos se acerca un par de gabarras atadas haciendo un solo cuerpo, llevan un pedido de refrescos y se detienen, conocen a Gonzalo y le ofrecen la ayuda que sea precisa, así que tranquilamente amarramos unas cuerdas a la gabarra y tras varios intentos salimos de la playa. Solo se oyen risas y la gente de la gabarra le vacila a Benito, le dicen que si no sabe el camino bueno, que les sigamos, Benito no se ríe ahora, sabe que se ha equivocado y que encima se han enterado todos de que hemos enplayado. Gonzalo invita a la gente de la gabarra a unos refrescos y seguimos camino detrás de ellos, solo faltaría ahora adelantarles y volver a encallar. Je je je, se oirían las risas desde Caracas.
Continua......nidad Maco

 

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