Descubriendo el Rio Orinoco

4 - Atabapo

Llegamos a las 8 de la mañana a Atabapo, para volver a sellar las facturas y aprovechar a vender un poco de mercancía. Pirobo descarga sus muebles tras varias peripecias y nos despedimos, le doy las gracias por el regalo del otro día y le deseo suerte. Acá es el ultimo lugar del viaje donde encontraremos hielo, pero tras 5 minutos en tierra firme nos damos cuenta de que no hay electricidad desde ayer. Se acabo la idea de tomar bebida fría.
Subo al pueblo a dar un paseo y antes de entrar hay un grupo de militares a un lado de la carretera, al otro lado veo un kiosco con un grupo de médicos vacunando a algunas mujeres y niños. Camino por el lado de los médicos y me recomiendan vacunarme de sarampión y rubéola, pues han aparecido varios brotes en la zona, así que allá mismo me pinchan mientras los niños y las mujeres se ríen. Acá me dicen los médicos que a los hombres les da vergüenza vacunarse.
Atabapo no es gran cosa, aunque no se puede llegar a Atabapo por carretera veo moto-taxis y camionetas que se dirigen al puerto cargados con mercancías.

Entro a un garito a tomar un refresco frío y me siento en una mesa junto a un par de tipos que están hablando de como solucionar el problema de la cantidad de botellas de vidrio que la gente tira. Dicen que hay que montar una empresa de reciclado de vidrio en Atabapo. Uno de los tipos tiene un pelo largísimo, unas barbas que le llegan al ombligo y unas botas de agua que le llegan más arriba de las rodillas. Dice que se quiere presentar a la alcaldía en las próximas elecciones. No le tome una foto por que me dio miedo.
Hace mucho calor y estoy sudando como si estaría corriendo una maratón. 
Nos despedimos de Atabapo y seguimos camino. Pronto paramos en un lugar escondido a pasar la noche, seguro que acá nadie nos vera.
Salimos en el Bongo a bañarnos a una playa, Samuel y Benito van a poner la red para recoger mañana pescadito rico. 
Cenamos un plato de avena con una arepa y nos vemos una película de vaqueros –El bueno, el feo, y el malo-, y para la cama, bueno, mejor dicho para la hamaca, en un par de minutos esta preparada con su mosquitera que parece una casita. La mosquitera pesa el triple que la hamaca, pero no entran los mosquitos no aunque lleven una sierra eléctrica. Antes de entrar dentro de mi casita mosquitera me hago mi vareta de rigor y me dispongo a meterme en mi casita mosquitera, una botella de agua, el mp3, papel higiénico, mi cuaderno de anotaciones, la linterna, la cámara, el tabaco, el mechero. Me gusta tener mis cosas a mano como si estaría en mi casa. Si es que soy un sibarita.
En la noche se oyen ruidos de todas clases, vuelvo a oír el sonido del teclado de un teléfono móvil, muchísimos ruidos unidos todos en uno. Cierro los ojos y no me puedo creer que este aquí, metido en un barco en el que estaré mínimo 15 días con gente que apenas conozco y que me esta tratando con una hospitalidad que hace que me sienta muy bien acompañado, remontando las fuentes de uno de los ríos mas grandes y caudalosos del mundo, en un barco que tiene de todo lo que pueda desear cualquiera, menos bebida fría y alcohol, pero eso no importa. Lo importante es que voy a conocer lugares muy difíciles de acceder a no ser que se disponga de mucho dinero. Abro los ojos, la luna esta casi llena, no se ven estrellas, pero el sonido que hay es increíble, millones y millones de pájaros e insectos unidos e una orquesta, creo que este es el sonido de la vida.
Oigo los sonidos de los motores que se van acercando y después se alejan, me cuesta dormirme pensando en quien ira en esas lanchas. Narcos, alguien que regresa a casa y no tiene luz, contrabandistas de gasolina, piratas. Pufff, Gonzalo me dice que no me preocupe, pero me cuesta hacerlo.
Me pongo unas grabaciones de programas de radio que llevo, y me duermo enroscado en los auriculares.
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