Llegamos a las
8 de la mañana a Atabapo, para volver a sellar
las facturas y aprovechar a vender un poco de mercancía. Pirobo
descarga sus muebles tras varias peripecias y nos despedimos, le doy
las gracias por el regalo del otro día y le deseo suerte. Acá
es el ultimo lugar del viaje donde encontraremos hielo, pero tras
5 minutos en tierra firme nos damos cuenta de que no hay electricidad
desde ayer. Se acabo la idea de tomar bebida fría.
Subo
al pueblo a dar un paseo y antes de entrar hay un grupo de militares
a un lado de la carretera, al otro lado veo un kiosco con un grupo
de médicos vacunando a algunas mujeres y niños. Camino
por el lado de los médicos y me recomiendan vacunarme de sarampión
y rubéola, pues han aparecido varios brotes en la zona, así
que allá mismo me pinchan mientras los niños y las mujeres
se ríen. Acá me dicen los médicos que a los hombres
les da vergüenza vacunarse.
Atabapo no es gran cosa, aunque no se puede llegar a Atabapo
por carretera veo moto-taxis y camionetas que se dirigen
al puerto cargados con mercancías.
Entro
a un garito a tomar un refresco frío y me siento en una mesa
junto a un par de tipos que están hablando de como solucionar
el problema de la cantidad de botellas de vidrio que la gente tira.
Dicen que hay que montar una empresa de reciclado de vidrio en Atabapo.
Uno de los tipos tiene un pelo largísimo, unas barbas que le
llegan al ombligo y unas botas de agua que le llegan más arriba
de las rodillas. Dice que se quiere presentar a la alcaldía en
las próximas elecciones. No le tome una foto por que me dio miedo.
Hace mucho calor y estoy sudando como si estaría corriendo una
maratón.
Nos despedimos de Atabapo y seguimos camino. Pronto
paramos en un lugar escondido a pasar la noche, seguro que acá
nadie nos vera.
Salimos en el Bongo a bañarnos a una playa, Samuel y Benito van
a poner la red para recoger mañana pescadito rico.
Cenamos
un plato de avena con una arepa y nos vemos una película de vaqueros
–El bueno, el feo, y el malo-, y para la cama, bueno, mejor dicho
para la hamaca, en un par de minutos esta preparada con su mosquitera
que parece una casita. La mosquitera pesa el triple que la hamaca, pero
no entran los mosquitos no aunque lleven una sierra eléctrica.
Antes de entrar dentro de mi casita mosquitera me hago mi vareta de
rigor y me dispongo a meterme en mi casita mosquitera, una botella de
agua, el mp3, papel higiénico, mi cuaderno de anotaciones, la
linterna, la cámara, el tabaco, el mechero. Me gusta tener mis
cosas a mano como si estaría en mi casa. Si es que soy un sibarita.
En la noche se oyen ruidos de todas clases, vuelvo a oír
el sonido del teclado de un teléfono móvil, muchísimos
ruidos unidos todos en uno. Cierro los ojos y no me puedo creer que
este aquí, metido en un barco en el que estaré mínimo
15 días con gente que apenas conozco y que me esta tratando con
una hospitalidad que hace que me sienta muy bien acompañado,
remontando las fuentes de uno de los ríos mas grandes y caudalosos
del mundo, en un barco que tiene de todo lo que pueda desear cualquiera,
menos bebida fría y alcohol, pero eso no importa. Lo importante
es que voy a conocer lugares muy difíciles de acceder a no ser
que se disponga de mucho dinero. Abro los ojos, la luna esta casi llena,
no se ven estrellas, pero el sonido que hay es increíble, millones
y millones de pájaros e insectos unidos e una orquesta, creo
que este es el sonido de la vida.
Oigo los sonidos de los motores que se van acercando y después
se alejan, me cuesta dormirme pensando en quien ira en esas lanchas.
Narcos, alguien que regresa a casa y no tiene luz, contrabandistas de
gasolina, piratas. Pufff, Gonzalo me dice que no me preocupe, pero me
cuesta hacerlo.
Me pongo unas grabaciones de programas de radio que llevo, y me duermo
enroscado en los auriculares.
Por la mañana nada mas salir el sol, recogemos las hamacas y
dejamos la cubierta despejada, me resguardo y me meto un petardo de
esos de aupa el Erandio, bien cargadito, ahora hace muy buena temperatura,
la brisa es fresquita hasta las 10 de la mañana, y durante esas
horas me dedico como siempre a no hacer nada mas que mirar y admirar
la vista que tengo a mi alrededor. Es monótona pero a la vez
muy relajante, el sonido del motor parece que canta un mantra tibetano,
siempre es el mismo sonido y creo que voy a acabar entrando en trance.
De
repente un ruido suave, y el barco se detiene, acabamos de encallar
en una playa oculta en el río. Ja , ja , ja, solo se
oyen risas, yo flipo, Gonzalo sale del almacén y se sigue riendo
y vacilando a Benito – que es el que manejaba el barco-, Samuel
y la china igual. Yo flipo, saltan del barco y solo cubre por las rodillas,
no se oye un reproche ni una palabra más alta que otra. El barco
de marcha atrás, pero nada, después de varios intentos
Gonzalo y los demás se meten debajo del barco a sacar la arena
para hacer un canal y poder salir. Con los pies intentamos sacar la
arena poco a poco y volvemos a intentar salir marcha atrás paro
nada. Otra vez para abajo a sacar mas arena, es inútil. Gonzalo
dice que en 3 horas si hay suerte sacaremos el barco de la playa. Ahora
traen un par de gafas de buceo y Benito y Samuel se sumergen con unas
palas sin mango para hacer un canal mas rápido, hay que tener
cuidado donde se pisa pues hay rayas y son venenosas. Yo ya estoy pisando
con miedo, no se si me están vacilando o que.
Nada,
después de varios intento no hay manera de salir, ya llevamos
3 horas. Pasan lanchas rápidas pero nadie se para a ayudarnos.
Recuerdo las palabras de José cuando me dijo que estuvo encallado
3 meses hasta que vino la época de lluvias. Vuelta a lo mismo,
pero es inútil, hay que cavar mas profundo, así que como
ya es la hora de comer, subimos al barco a coger fuerzas.
Mientras comemos se acerca un par de gabarras atadas haciendo un solo
cuerpo, llevan un pedido de refrescos y se detienen, conocen a Gonzalo
y le ofrecen la ayuda que sea precisa, así que tranquilamente
amarramos unas cuerdas a la gabarra y tras varios intentos salimos de
la playa. Solo se oyen risas y la gente de la gabarra le vacila a Benito,
le dicen que si no sabe el camino bueno, que les sigamos, Benito no
se ríe ahora, sabe que se ha equivocado y que encima se han enterado
todos de que hemos enplayado. Gonzalo invita a la gente de la gabarra
a unos refrescos y seguimos camino detrás de ellos, solo faltaría
ahora adelantarles y volver a encallar. Je je je, se oirían las
risas desde Caracas.
Continua......Comunidad
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