Bahia
Salvador
de Bahía
Llegamos
al aeropuerto de la capital de Bahía con retraso,
lo que ya no constituía ninguna novedad, luego de “pechinchar”
un poco, un taxi nos acercó al Hostal das Laranjeiras en el
corazón del barrio histórico del Pelourinho por 45 reales.
El taxista era un tipo curioso que tenía el maletero ocupado
con su equipo de “percusao”, unos inmensos altavoces de
genuino sabor tuning. El muy sinvergüenza nos dijo que no podía
acceder al barrio de Pelourinho y que nos iba a dejar a la entrada
del mismo. Subiendo de noche con el equipaje
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Brasil
- Bahia
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por
las “ladeiras” del barrio seríamos un blanco fácil
para
cualquier ladronzuelo así que le respondimos que “ni
de coña”, que en el hotel nos garantizaron que nos podía
llevar hasta la puerta, como así hizo finalmente.
Había un gran ambiente por la rúa das Laranjeiras cuando
llegamos al hostel al filo de la medianoche, mucho colorido, mucha
algarabía, no obstante nos fuimos directos para la cama, necesitábamos
un poco de descanso.
Por la mañana nos congratulamos por la excelente elección
del hotel que habíamos realizado, el Albergue das Laranjeiras,
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Brasil
- Salvador de Bahia - pelourinho
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era un auténtico clásico en el Pelorinho y tenía
una fama además muy merecida, limpio, con espaciosas habitaciones,
originalmente decorado, contaba con un personal serio y amable que
se encargaba de dirigir con acierto el local. Los precios del mes
de junio se habían mantenido y pagamos menos de lo que en principio
estaba previsto, 80 reales con el carnet de alberguista por una amplia
habitación doble “con banheiro” privativo y obviamente
con el “café da manhá” incluido. El ruido
de la calle o el ocasionado por algún huésped son punto
más flojo del lugar, lo que puede molestar especialmente a
aquellos que gusten de retirarse pronto. Dedicamos toda la mañana
a patear el Pelourinho, visitando iglesias, edificios civiles, galerias
de arte y tiendas, llegamos finalmente al Palacio do “Governo”
y contemplamos las vistas de la marina bahíana desde sus inmediaciones.
El
barrio del “ Pelourinho ” no es excesivamente
grande, está poblado de hermosas casas coloniales de tonos
pastel, templos barrocos como la Catedral, el
impresionante Convento de San Francisco y una tropa de vendedores
callejeros y mendigos mezclada con turistas que hacen fotos y curiosean
por las incontables tiendas de souvenirs de la zona. Una nutrida dotación
policial permite que los visitantes puedan campar a sus anchas y gastar
las divisas tranquilamente. Después de pasar la mañana”
turisteando” por el barrio, comimos en el Jardín de las
Delicias, un bobó de camarao para dos con caipirinhas y café
por 70 reales. El restaurante que ofrece un delicioso patio interior
a los comensales pero no justificó los comentarios favorables
de la Guía 4 Rodas.
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Brasil
- Salvador de Bahia - Bailando
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Servicio
lentísimo, comida pasable.
Por la tarde mientras estábamos tomando unas nuevas caipirinhas
en una terraza, conocimos a un curioso personaje llamado Mauricio,
de oficio conocido “ guía credenciado ” (acreditado).
Desde el principio pensamos que sus intenciones eran sacarnos algo
de dinero, pero como nos pareció simpático conversamos
con él y dejamos que nos acompañase por la zona. Era
un tipo de raza blanca de unos 40 tacos que las había pasado
canutas durante los 10 años que había estado residiendo
en Atlanta, ahora aprovechaba su inglés para acompañar
a los yanquis durante sus vacaciones en Salvador de Bahia. Resultó
ser bastante majo, no trató de sacarnos ni un duro, sólo
aceptó que lo invitásemos a un cravinho ( infusión
matadora de clavo en cachaça) que costó un mísero
real. Nos enseñó lugares escondidos del Pelo, nos presentó
a tipos peculiares, como uno de los fundadores de Os Filhos de Gandhi,
nos instruyó en la forma de entrar sin pagar en el Convento
de San Francisco y nos dio valiosos consejos que nos resultarían
muy útiles durante nuestra estancia en
Salvador
de Bahia. Continuamos la noche sin su compañía, disfrutando
del clásico ensayo para el carnaval de un bloco, Swing do Pelô,
saboreando ese sonido estruendoso de los tambores a través
de las empedradas calles da cidade alta y bailando a su son. Cenamos
estupendamente al aire libre en Mamma Bahía carne a la brasa
con caipirinhas por18 euros, continuando la noche por las diferentes
terrazas de la zona soportando cada dos por tres el acoso de vendedores
y mendigos para terminar la noche bailando música brasileña
en una calle interior donde se acostumbraban a celebrar actuaciones
en vivo.
Teníamos previsto permanecer tres noches en Salvador de Bahia,
en realidad dos días completos, alargamos nuestra estancia
un día más ampliando la reserva en el hostal. La
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Brasil
- Salvador de Bahia - mosaico colonial
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mañana
siguiente el día estaba despejado y salimos en un bus camino
de la zona de Bonfim, después de descender a la ciudad baja
en el elevador Lacerda, visitamos la famosa iglesia tan “milagreira”
entre el agotador acoso de guías “credenciados”
y mendigos, ya de vuelta nos plateamos parar en el popular mercado
de Sao Joaquim, pero finalmente nos conformamos con verlo desde el
bus, teníamos el estómago un poco revuelto de la cachaça
del día anterior y una incursión en aquella explosiva
mezcla de olores e imágenes podía jugarnos una mala
pasada a aquellas horas de la mañana. Lo sustituimos por más
light y nos dimos un paseo por el mercado Modelo, espacio dirigido
esencialmente al turist
a,
más limpio y ordenado que Sao Joaquim, y con los mismos artículos
y precios que las tiendas de souvenirs del barrio alto. El edificio
donde se aloja el mercado cuenta con un amplio y encantador restaurante,
desde cuya terraza se puede contemplar una bella vista de la bahía,
allí nos encontramos con nuestro “amigo” Mauricio
que acompañaba a un singular tejano experto en Esperanto que
hablaba un castellano impecable, un tío realmente interesante.
Después de charlar un rato con aquella curiosa pareja acordamos
matar nuestra resaca a la playa de Porto da Barra. El trayecto en
bus resultó muy interesante, quedamos embobados con las fabulosas
mansiones de estilo colonial que se íbamos divisando, no obstante
la playa nos pareció bastante mala, el agua estaba muy revuelta
y presentaba un color verde oscuro poco agradable. Comimos en la Churrasquería
Ancorador (11 euros) y por la tarde visitamos el estupendo Farol da
Barra ( Faro) y después la playa del mismo nombre, que tampoco
nos gustó demasiado. Casi de noche regresamos en bus al Pelô,
cenamos en el SENAC (18 euros, poco más de 50 r
eales
dos personas), un restaurante escuela especializado en cocina bahiana
ubicado en un espectacular emplazamiento en el Largo do Pelorinho:
la Casa do Comercio, próxima a la Casa Museo de Jorge Amando
y dotada de un magnífico comedor. Utilizan el sistema de tenedor
libre y a pesar de que comenzábamos a estar un poco saturados
de la comida de la región, resultó una agradable experiencia.
Aprovechamos la visita para acudir en la planta inferior de la Casa
do Comercio a un espectáculo de danzas regionales interpretado
por los alumnos de la escuela (7 reales por persona). Seguimos la
noche de Salvador de Bahia hasta sus últimas consecuencias.
Salvador de Bahia y en particular el barrio histórico constituyen
un enclave turístico de primer orden en Brasil, es difícil
ver tanto turist
a
extranjero por metro cuadrado en cualquier otro lugar del país,
de forma que muchos de los vicios de otras zonas turísticas
del mundo son palpables aquí. El acoso o la explotación
del visitante se repiten con demasiada frecuencia y pueden llegar
a saturar un poco. Resulta habitual que en Salvador de Bahia intenten
cobrar el doble del precio por una consumición en una terraza
de un día para otro, que en 10 minutos se acerquen 10 vendedores
mientras uno está placidamente sentado. Estas escenas que se
repiten con demasiada frecuencia, no pasan inadvertidas y para nosotros
constituyeron el principal problema de Salvador de Bahia.
Como el sol nos sonría reluciente en la mañana del domingo,
aprovechamos para alejarnos un poco de la ciudad, buscando una playa
agradable. Tomamos el autobús en la plaça de Sé
en dirección a Itapoa, 35 km. al norte, recorriendo la “orla”
se sucedían los arenales de Barra, Ondina, Río Vermelho…
poblados de gente, de balones de futbol, de bahianos que disfrutaban
de su incansable sol. Itapoa resultó ser una playa un poco
más sosegada que Barra, con zonas pobladas de “barracas”
donde los domingueros bebían una cervecita, una caipirinha,
comiían unos “siris” o simplemente descansaban
al sol. La playa en esencia,
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Brasil
- Salvador de Bahia - tambores
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tampoco
era muy destacable, aunque reunía las condiciones para disfrutar
de una plácida mañana de domingo. Descansamos tranquilamente
antes de darnos la mejor comida de toda nuestra estancia en la churrasquería
Boi Preto, donde por 150 reales (50 euros) después de un sabroso
buffet que incluía salmón, quesos europeos, sabrosas
gambas y langosta disfrutamos de deliciosos cortes de carne bien regados
por un tinto argentino.
El lunes dejamos Salvador de Bahia de mañana, un taxista nos
llevó al mercado modelo por 12 reales y allí embarcamos
en el ferry de las 8.30 en dirección a Morro de Sao Paulo en
la Isla de Tinharé ( 50 reales). Dejamos un Salvador lluvioso,
la travesía de dos horas fue movidita, de modo que gran parte
del pasaje se mareó y vomitó, no obstante tuvimos la
suerte de contemplar a la salida de la Bahía de Todos los Santos
un grupo de ballenas se dirigía hacía el Sur.
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relato Morro
de Sao Paulo
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