Rio de Janeiro

Relato de Brancellao desde Brasil 2005 - Río de Janeiro Blog de viajes de Brancellao

ESTADO DE RÍO DE JANEIRO. Segunda Parte-

Río de Janeiro.

 

Tengo que decir con toda honestidad que cuando llegamos a Ipanema buceando en Rioque llegué a emocionarme, el ambiente era algo increíble, indescriptible. Un domingo de buen tiempo Ipanema es una de las mayores atracciones de Brasil. Un hervidero de almas con un ambiente fantástico, la carretera cortada al tráfico invadida por los cariocas que acuden a la playa, una sucesión de atracciones espontáneas, de malabaristas del balón haciendo virguerías en un partido de voleyl-playa, de chiringuitos, de cachas y garotas con minúsculos “fios dentais” todo ello presidido por la fantástica silueta del Morro dos Dois Irmaos al fondo forman un cóctel mágico llamado Ipanema. Una playa con personalidad propia, un universo increíble que condensa la esencia de Brasil, y siempre lejos de lo que se podría entender como playa masificada, incomoda y ruidosa, porque Ipanema es la Playa. 
paseo por la playa en Rio de JaneiroDespués de un poco de arena y sol continuamos nuestro peregrinar por los bares de las calles próximas, grabando en el disco duro todo lo que nuestros atónitos ojos observaban: bares de animado ambiente gay que montaban show en plena calle antes de caer el día, otros poblados de turistas, de gente guapa… Volvimos justo ante de caer la noche en bus al hotel y de ahí nos fuimos a cenar a uno de los lugares clásicos de Río de Janeiro, el Bar Lagoa, en el barrio del mismo nombre. Un alemán con soberbias y sabrosas raciones y frecuentado por cariocas. Pedimos un plato para cada uno cuando las raciones eran para dos, con unos 6 chopes (cañas) que pasan por ser los mejores de la ciudad y pagamos 80 reales, propina incluida. Además de la comida nos sorprendió la alegría de los cariocas en la mesa, sus animadas conversaciones, lo mucho que disfrutan de la vida. Agotados, decidimos dar por cerrado el día y recuperar horas de sueño. 
El lunes nos levantamos temprano teníamos muchas cosas por hacer, poco tiempo, una larga lista de restaurantes recomendables donde comer así que la mejor decisión que pudimos tomar fue irnos para la playa, Ipanema nos había cautivado. Pasamos una maravillosa mañana en el posto 9, nos bañamos en el agitado mar, compramos las típicas cangas y con el bañador aún mojado buscamos uno de los dos lugares recomendados para comer un rodicio de carne en la zona. Nos encontramos con el Carretao antes que con Porcao, una camarera nos empuja literalmente dentro del local con el bañador aún mojado. Buen Tunel naturalbuffet previo, muy variado, lugar con buenas instalaciones y varios camareros rondándonos con jugosos cortes de delicioso vacuno, comimos estupendamente y cuando nos esperábamos una cuenta de campanillas, pagamos unos 75 reales, con propina. Un regalo. Nada que ver con los rodicios que había probado en España. Este establecimiento tiene una sucursal en la zona de Copa. 
Por la tarde nos fuimos a Urca con la intención de tomar el bode que nos llevase al Pao de Azúcar, fantásticas vistas al atardecer y una ascensión de vértigo en dos tramos. La vuelta de noche en taxi. 
Copacabana parece no es el mejor lugar de Río de Janeiro para salir de noche, aunque nosotros estábamos alojados allí, huíamos de lo que dicen es una mezcla de extranjeros borrachos, prostitutas y de un mal ambiente general que se concentra en los alrededores de la discoteca Help. En nuestra última noche en Río de Janeiro nos dirigimos a la zona de Ipanema-Leblón, la zona concentra una mezcla extranjero y algún carioca clase bien.

el famoso cristo de corcavado en Rio de Janeiro

El ambiente es relajado y algo bohemio, aderezado con el clásico sabor carioca. Tomamos unas caipirinhas en la Académia da Cachaça mientras cenábamos, parando después en los agradables locales de la zona, continuamos la noche en Emporio, Code tratando entre caipirinha y caipirinha de resolver el dilema que nos ocupaba: visitar o no ir a Ilha Grande. 
La única obligación inexcusable que teníamos en los próximos días era coger en la tarde noche del jueves el avión que nos condujese a Foz de Iguaçú, debíamos decidir si darnos una soberana paliza para llegar a Ilha Grande, donde todas las previsiones meteorológicas auguraban un mal e incómodo tiempo, estar allí un día y volver , o quedarnos en Río de Janeiro donde estábamos estupendamente. Decidimos aplazar la decisión y dejarla para el último momento. 
El martes muy de mañana nos vino a buscar una amiga carioca al hostel, cogimos el metro hasta el centro y tomamos el bodinho de Santa Teresa. La cosa estaba mal por el barrio de Santa Teresa, en los últimos días se habían producido varios asaltos a turistas y una semana antes de partir habíamos leído en el foro de lonely un impactante relato de una irlandesa asaltada casi al pie del bode, de modo que decidimos no tentar nuestra suerte y contemplar el delicioso barrio de calles empedradas, casas señoriales vestidas con vistosas enredaderas sin bajarnos del bodinho que con su característico traqueteo avanzaba lentamente. De vuelta aprovechamos para caminar un poco por el centro de la ciudad y después de despedirnos de nuestra amiga fuimos hasta el Botafogo Shoping. Caminamos hasta Copa, comimos algo en el Cervantes, donde se asegura que hacen los mejores “sanduiches” de la ciudad y de allí pateamos los hermosos cuatro km. de “orla” que van desde Leme a Arpoador, por todo la orla de Copa. 
En un arranque de locura habíamos decidido marcharnos a Ilha Grande, subimos en un taxi que por 18 reales nos llevó a la rodoviaria Novo Río (estación de autobuses), donde a las 18.30 deberíamos tomar el bus que nos llevase a Mangaratiba, para en la mañana del miércoles embarcar en el ferry a Ilha Grande. Dejábamos Río de Janeiro con muchas cosas pendientes y con una consigna clara: volver algún día...


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