Fernando de Noronha

Isla Fernando de Noronha Brancellao desde Brasil 2005 - Blog de Brancellao
Espero que lo disfruten tanto como yo.

Isla Fernando de Noronha

llegando a la isla de fernando de noronha

Noronha nos recibió con un día despejado. Antes de aterrizar fuimos obsequiados con un paseo aéreo alrededor la isla muy de agradecer. Habíamos realizado unas llamadas a las pousadas que teníamos seleccionadas desde el aeropuerto de Recife, estaban todas “lotadas” (llenas). Agosto es un mes de baja-media ocupación en Noronha, o mejor dicho lo era, la isla estaba a tope y la culpa la tenía la avalancha de italianos que habían descubierto aquel paraíso. Como habíamos realizado el pago del impuesto ecológico por Internet (unos 10 euros día y persona), tuvimos cierta ventaja sobre los otros pasajeros ya que pudimos sondear los precios, mientras los demás se desesperaban en la interminable fila. No teníamos ganas de perder mucho tiempo, así por 150 reales por noche contratamos la pousada Alewafi, con la condición de que si queríamos cambiarnos el primer día deberíamos pagar 170, lo que hicimos la mañana siguiente al considerarla un poco alejada. Después de dejar los bultos nos fuimos a pegar un baño a la

buceando a pulmón en el pecio del puerto Sao Antonio, Noronha

cercana Praia do Boldró, donde contemplamos una bella puesta de sol. 
Anochecía demasiado rápido en Brasil, a las 6 comenzaba a meterse el sol, los días eran cortos y había que saborearlos al máximo, en Noronha los relojes señalaban una hora menos pero el efecto era prácticamente el mismo o peor pues la isla no se distinguía por su excesiva animación nocturna. En la pousada nos sentíamos un poco sitiados, estaba distante de cualquier pequeño núcleo de población lo que aprovechaban los dueños que habían montado una pequeña agencia y trataban de exprimir a tope a todos sus clientes, nos dimos cuenta de la jugada y salimos de allí a buscarnos la vida. Los precios ya de por si altos en la isla, estaban por las nubes pero nuestra estancia se había recortado y no podíamos andarnos con remilgos,así que contratamos con Naonda por 70 reales por persona el inevitable passeio para la tarde del miércoles, el buceo con Aguas Claras por 210 reales por persona para la mañana del jueves y dos noches en la Pousada Helena por 125 reales cada una. Una vez resuelto todo, cenamos en el Flamboyant –un buffet decente-, donde repetiríamos dos veces más, por 6 euros cada uno.

La mañana siguiente nos despertamos temprano y tras hacer el traslado de pousada decidimos coger el bus camino de la Praia do Sancho, considerada la mejor playa de Brasil. Hasta ese momento la isla de noronha no

Praia do Sancho, Fernando de Noronha. El edén

nos había mostrado nada especial, visitamos en una buena playa, O Boldró, pero no espectacular. Las comparaciones eran inevitables: la selva de Ilha Grande era mucho más interesante que la flora de Fernando de Noronha, la Vila dos Remedios y sus pousadas no merecían ni mucho menos haber cruzado el país de punta a punta. Comentábamos nuestras impresiones con una pareja de Porto Alegre, que iba a hacer senderismo por la zona y que nos acompañó casi hasta el acantilado desde el que se contempla O Sancho. Se despidieron con una sonrisa diciéndonos que no nos íbamos a sentir defraudados. Desde el borde del acantilado se conseguía una preciosa perspectiva de la playa, su singular orografía, su arena blanca, el maravilloso color de sus aguas era algo que las fotografías de la isla de Noronha que habíamos visto no habían podido captar en su plenitud. Sabíamos que el acceso por tierra era complicado pero cuando vimos un agujero de apenas 1 metro de diámetro que no era otra cosa que el orificio de salida de una chimenea vertical que tenía adosada una escalera metálica por la cual había que bajar para salvar los 50 metros de desnivel hasta la playa, las cosas se pusieron feas. La bajada se hacía en realidad en dos tramos de chimeneas verticales y un tercero de escaleras esculpidas en la roca, no era un camino de rosas, pero la recompensa merecía la pena. Una vez que bajamos hasta la arena, la playa casi desierta parecía todavía más impresionante y llegando a la orilla el espectáculo se hacía único: rayas a dos palmos de profundidad, multitud de hermosos peces, el agua en unas tonalidades azuladas asombrosas. Sumergirse con unas simples gafas de buceo en Praia do

Praia do Boldró, Fernando de Noronha

Sancho es algo antológico. He estado en alguna de las mejores playas del mundo con estupendas aguas transparentes, pero meter la cabeza bajo el agua con unas simples gafas de buceo en O Sancho y percibir esa visibilidad incomparable me uso la piel de gallina, sentí hasta vértigo. Uno de esos momentos que por inesperados, no se borrarán jamás de la memoria. Estuvimos unas 3 horas en el agua, fuimos nadando 150 metros mar adentro hasta los bajos tal y como nos habían aconsejado en el centro e buceo Aguas Claras. No se puede describir con palabras aquella maravilla. Continuar relato Salvador Bahia

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